Arquetipo de la Puella

La Puella es conocida también como Puer femenina. Aunque tiene varios orígenes, es común verla como el resultado del padre ausente y la madre absorbente que es emocionalmente distante.

Está asociada con la energía arquetípica de la luna nueva, la Diosas griegas Artemisa y Perséfone y la joven doncella inocente en cuentos de hadas. Particularmente me recuerda a Scarlett O’Hara en el clásico “Lo que el viento se llevó”. Se puede describir como una mujer fascinante con una vitalidad libre e infantil, ilumina la habitación y actúa para la adulación y el elogio de los demás. No le gustan las normas y evade la realidad. Es encantadora, fresca, indomable y entusiasta. Cree en la ingenua fantasía de un encantador y paradisíaco mundo donde será tratada como una princesa.

Su sombra se manifiesta en el narcisismo y una ansiedad derivada de estar en fuga de ella misma, exhibiendo varias formas de auto-evitación y dificultad para tomar en serio la medida completa de su ser. En compensación, anhela el aplauso, el dinero y el amor del mundo, usando estos externos para evitar los niveles más profundos de sí misma.

Detrás de una máscara ansiosa por complacer aúlla un vórtice de duda, marcado por sentimientos de incertidumbre. Cuando la ira aparece, en lugar de usarla para superar los obstáculos se vuelve hacia adentro en forma de agresión sintiéndose defectuosa, irreal, despersonalizada y sin conexión con su físico. Es un ejemplo de generaciones de mujeres que luchan por sentirse seguras en su cuerpo.

Nunca puede ser lo suficientemente joven, delgada o lo suficientemente inteligente, está atrapada en las presiones personales y culturales que promueven un culto a los ideales inalcanzables, irreales y antinaturales debido a la falta de modelos femeninos maduros en nuestra sociedad.  Esto contribuye a su superficialidad, incapacidad para profundizar en el bienestar de su ser y evitar la autorreflexión y la autosuficiencia. 

 

Las heridas de Puella surgen de pérdidas tempranas, rechazos y haberse sentido insuficiente sintiéndose siempre imperfecta. Estas son algunas de las voces de las sombras intercediendo en la psique de Puella. “No me gusta la realidad de verme mayor con mi piel seca y arrugada. Odio lo que veo en el espejo. Yo no puedo aceptar el hecho de que ser quien soy” se evalúa a sí misma como inferior o superior, un objeto diseñado para la adoración de los demás. 

Por lo general, se describe a Puella como la niña de papá. Este padre la ama cuando es un niña pero a medida que ella va creciendo el se desprende (quizás por no saberse relacionar con esta joven mujer) y ella siente su ausencia, descuido o abuso. Esta indisponibilidad hace que tienda a sobrevalorarlo a él y a otros hombres y denigrar la feminidad. Al no cuestionar al padre, proyecta sus decepciones y dificultades en su madre, en otra disminución de lo femenino. 

Su viaje psicológico requerirá que ella alcance el poder, no por seguir el sueño de casarse con un príncipe y luego negarse a sí misma, si no a través de apropiarse de su propia energía. La mujer Puella tiene la responsabilidad de no hundirse en la imagen de cuento de hadas mal interpretada de pasividad femenina. Este camino evita lidiar con sus alternativas y con el uso constructivo del ánimus  la energía masculina en lo femenino).

 

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