La sesión

Buenas tardes

Gracias por recibirme sin cita

¿Dónde me siento?

Gracias

Pues, vengo porque tengo el Olimpo alborotado.

¿Qué siento?

En ocasiones siento como si una enorme piedra me presionara el pecho, tan grande como la de Sísifo, es como un peso más grande que el de Atlas, no puedo respirar… entonces, inmóvil me ahogo, estoy fuera de control, como un mar revuelto por el tridente del mismísimo Poseidón, me canso de luchar y simplemente me dejo ir, no hay nada que pueda hacer. Ahí en lo profundo veo a los ojos a Hades, sonríe como disfrutando de mi asfixia, le digo: ¡déjate ver! ¡Sal de las sombras! ¡secuestrador!, lo reto y con su macabra sonrisa, sin decir una palabra, me deja al cuidado del magnífico cerbero. Muero de miedo, pido auxilio, nadie responde… me quedo dormida inevitablemente, en mis sueños siento una brisa repentina que me trae un mensaje de Perséfone entre risas burlonas, ¡Dime Hermes, no te rías de mi! La cautiva Perséfone me habla pero no soy capaz de entender que significa. Me despierta la ira, veo a los ojos a Ares y a los perros de Hécate, con una fuerza desconocida logro mover la piedra que me tortura, Ares me señala la batalla que me espera y a la que me niego a ir, siento su decepción.

Tengo que pensar… no hay nada en mi mente solo tristeza… ¡Qué vergüenza!… Tomo vino, ¡Gracias desmembrado, contradictorio y extraordinadio Dioniso!, ¡Gracias Ámpelo por el vino! es lo que me hace llorar, me confronta, me acompaña y me pone frente a frente con Apolo, no dice nada pero su mirada lo dice todo… “pensé que me conocía lo suficiente”, le dije… sonrió negando con la cabeza, no había visto tanta belleza jamás.

A sus espaldas veo la mirada sin misericordia de Némesis. Más vino… pienso y creo, mi mente como volcán, como el fuego subterráneo, como la fragua de Hefestos forja, transforma, ojala pudiera abrazar al cojo y deforme Hefestos, el sabe cómo me siento. De repente e inesperadamente siento algo de optimismo, una idea, un salvavidas, una razón. Percibo la visión de luz de luna de Artemisa despreciando mi vulnerabilidad y apuntando hacia adelante con su certera flecha, un prematuro heroísmo me acompaña e inmediatamente Atenea fría me mira con su implacable lechuza… le pregunto ¿puedo volver a la cabeza de Zeus? la armadura ya no protege y la Gorgona ya no asusta. Sonríe con desprecio y niega con la cabeza, deja a mis pies una armadura. Me he quedado sin voz, invisible como Hestia, sola y tolerando las infidelidades a mi misma como Hera. Siento entonces el abrazo caliente, materno, de Deméter que me recuerda en un susurro darme todo lo que doy, me embriaga la belleza y el amor me siento segura en brazos de Deméter y Afrodita que me recuerda que esto también pasará, no quiero que este abrazo termine. Un trueno, un rayo y un águila en el cielo me recuerdan que es tiempo de seguir y que recoja la armadura.

Tengo la mente serena como una playa sin viento…creo que Poseidón se ha apiadado de mí… ¿o quizás se ha dormido solo un momento?

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